París, 1886. Van Gogh pintó una serie de cuadros de botas. El que más me gusta es éste. Son botas de campesino, gastadas y con solera. Una curiosidad: este cuadro valía 83 dólares hasta que se dijo que era de Van Gogh y subió a medio millón! Unas buenas botas son imprescindibles para el peregrino. Y si son viejas, mejor que mejor. Ganan kilómetros y experiencia. Y cuando ya están demasiado ajadas como para usarlas en un Camino largo, te da pena deshacerte de ellas, porque han sido unas compañeras útiles y fieles durante mucho tiempo...
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